
Imagen: Fuente internet
San Cristóbal, Por Julio CĆ©sar GarcĆa. - Vidas desechables, como si fuesen
productos defectuosos de una mecanización industrial. Se desplazan a altas
velocidades en sus motocicletas y sus pasolas, marcando su piel con tatuajes
que parecen etiquetas de producción en serie y expulsando un humo denso desde
sus vapers, cual chimeneas humanas desprovistas de filtros. Son el resultado de
una cadena de montaje social que parece haber olvidado su propósito.
Estos jóvenes son obligados a ocupar un
espacio en las escuelas, llenando las aulas durante horas que resultan
angustiosas para ellos, para sus padres y para los desdichados profesores. A
estos últimos, la sociedad les impone el "deber de enseñarlos", pero
ante el vacĆo de sus miradas surge una pregunta inevitable: ¿QuĆ© enseƱar y para
quƩ hacerlo?
Estamos ante cuerpos huecos que intentan
abrirse paso en una sociedad que, aparentemente, se hastió de esperar algo de
ellos. Parecen destinados por su propio entorno a ser sombras de otras sombras;
reductos humanos sin espĆritu ni mĆ”s ambición que aguardar el final bajo los
efectos de cualquier sustancia que adormezca su realidad.
El Homus desechabilis es el hijo
legĆtimo de la "Sociedad del Na' e' na". Esa subcultura que se
acostumbró al "yo estudio después", al "aprender no deja
nada" y al nihilismo fatalista de que, al final, "todos vamos a morir".
Es una generación parida por la inmediatez y la ausencia de referentes.
Esta involución social, que no logra
percibir su propio estancamiento por falta de razonamiento crĆtico, amenazada
con ser superada por un grupo aún mÔs profundo en esta escala de degradación:
los Homus Piperus, de quienes nos ocuparemos en una próxima entrega.

2 Comentarios
Es decir que la escuela no sirvió para nada....
ResponderEliminarLa escuela sirve para quienes deciden que desde estas pueden ser mejores y ayudar a mejorar su entorno.
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