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| Jorge Guigni |
San Cristóbal, Por Jorge Guigni. - El Carnaval Popular de San Cristóbal era una versión de carnaval al que no lo definÃa exactamente el significado etimológico de la palabra carnaval. No era una fiesta donde el cuerpo y el alma se hartaban de lo socialmente prohibido o censurado, ni un festejo destinado al consumo exclusivo del turismo, donde se mostraba lo cándido y pintoresco que existiera en nuestra cultura local, ni mucho menos, una empresa cultural destina al negocio del espectáculo o a la promoción de alguien.
El Carnaval Popular era una opción de fiesta diferente con fuertes elementos contestatarios, expresados a través del humor popular convertido denuncias, crÃticas, reclamos y los planteamientos de solución que estaban al alcance de sus protagonistas, sin menosprecio ni afectación de la libertad creadora, ni de los elementos que lo definen como fiesta de la diversidad, de la alegrÃa popular, de la identidad y la democracia cultural.
Era a través de esas comparsas, que se pensaban,
se estructuraban y se ensayaban en patios de barrios, azoteas, calles, escuelas,
y en los lugares más insólitos, que se habÃa logrado revalorizar el carnaval en
San Cristóbal, para convertirlo en una oferta de diversión con gran contenido creativo,
didáctico y pedagógico, transformando esta fiesta “pagana” en un instrumento
creativo de búsqueda, denuncia y diversión, sin que se perdieran los elementos
que lo definen.
Otro aspecto muy importante que resaltaba el Carnaval Popular de San Cristóbal era el patriótico, ya que la fecha de la Independencia Nacional también festeja nuestro cumpleaños como dominicanos. Con la proclamación de la Independencia el 27 de febrero de 1844 nacimos al mundo como dominicanos y el carnaval se asoció desde temprano como la fiesta popular con que lo celebramos en las calles con júbilo y alegrÃa.
En el Carnaval Popular, la creatividad se expresaba en su gama completa, recorrÃa el enorme intervalo que va de lo obvio a lo sutil, de lo ocurrente a la fantasÃa en su pleno esplendor y en la recreación de sus personajes tradicionales, como las roba la gallina, los pepes o africanos, los indios, los galleros, el toro y su tribu, el doctor, puntilla con sus versos candentes, la Muerte con su cadavérica alegrÃa y los diablos cojuelos en sus distintas variantes.
Es necesario agregar que, en el carnaval, como manifestación cultural creadora y recreadora, multidisciplinaria, y como sÃntesis cultural que es, lo viejo y lo nuevo tienen amplio espacio de convivencia y de mutua influencia, ya que se necesitan uno al otro para establecer el equilibrio que requiere su desarrollo y continuidad.
Por ello, creo que el Carnaval Popular, no sólo habÃa recuperado y revalorizado en su totalidad la tradición carnavalesca en San Cristóbal, sino que habÃa contribuido a la recuperación y revalorización de la convivencia humana, cuando menos en el espacio de su propia expresión. Porque sólo en ese espacio convivencial de creatividad, solidaridad, alegrÃa, libertad, identidad e influjo esperanzador que producÃa el Carnaval Popular, es donde es posible establecer una relación dialogante, con un potente componente educativo-liberador, que restaure y renueve el derecho a la alegrÃa y a una vida mejor, más digna y más humana.
Lo descrito lo engendraba una lÃnea comunicacional y organizativa estratégica, ignorada totalmente en la actualidad, que permitÃa que todos estos elementos convivieran en una unidad diversa sin negarse unos a otros: el fundamento lúdico de aprender a divertirse buscándole solución a los problemas.
¿Por qué me expreso en pasado?
Porque en el ámbito del Carnaval Popular de San Cristóbal, se han instalado “nuevos actores” que, sin vÃnculo histórico con el sector carnaval, sin dominio de la temática, sin experiencia organizativa alguna relacionada, con claros aspectos contradictorios con su esencia que, basados en el supuesto de implementar “una nueva experiencia”, han actuado contra las caracterÃsticas que lo distinguÃan del resto de los carnavales dominicanos y constituÃan su principal atractivo y su particular identidad, importantizando otros aspectos que, si bien forman parte del carnaval en general, su promoción como elementos fundamentales, lo han convertido en un lugar común en el que ya no es posible distinguirlo del resto de los carnavales dominicanos.
Hoy, lo que tÃmidamente se sigue nombrando como Carnaval Popular de San Cristóbal, es una masa amorfa inidentificable, que me mueve a pronunciar este anatema: El Carnaval Popular Ha Muerto.
Su muerte ha sido posible a partir de la acción autoritaria del ayuntamiento que, en lugar de cumplir su rol como gobierno local de promover y patrocinar la cultura e identidad del municipio, se ha apropiado del carnaval bajo la lógica de “si pongo los cuartos controlo el asunto”, sometiendo al Carnaval Popular a su dinámica polÃtica cambiante según los caprichos del incumbente de turno, abriendo con ello una puerta donde cualquiera que asume un puesto como empleado público, inmediatamente se transforma, como acto de magia circense, en “el jefe supremo, experto y conocedor absoluto”, con derecho a cambiarlo todo, aunque la lógica del proceso cultural no lo demande o lo contradiga.
Pero, en medio de esta “nueva experiencia”, confusa y disgregadora de los elementos que distinguen nuestra tradición carnavalesca, aparece una propuesta innovadora que restablece el vÃnculo con lo social-alternativo, lo tradicional-identitario, y lo creativo aportativo, que nos hace Luis Rivas: El Diablo Ecológico de San Cristóbal.
El Diablo Ecológico de
San Cristóbal es una propuesta con propósito definido:
El nombre hace referencia directa a su procedencia y pertenencia, recuperando lo identitario: de San Cristóbal.
También refiere al propósito de su existencia: Ecológico, que respeta, preserva o protege el medio ambiente.
Define el campo de acción: la crÃtica al daño que hace el uso del plástico al medio ambiente.
Recupera lo creativo popular: Convierte desechos nocivos en obras de arte ambulante.
Recupera, revaloriza, recrea y devuelve al pueblo uno de los personajes emblemático de su carnaval: el diablo cojuelo.
El Diablo Ecológico de San Cristóbal, es el único retoño que resurge de los escombros de la destrucción del Carnaval Popular de San Cristóbal y lo acompaña Mamonta Cuevas, que desde el año 2019 organiza comparsas de diablos cojuelos tradicionales, probablemente influenciado por el proyecto “Para que Regrese Mi Diablo Cojuelo”, implementado entre los años 2014 al 2016.
Nota: Este texto
está basado en el libro Carnaval Popular de San Cristóbal, que publicara en el
año 2003, como testimonio vivencial del proceso de recuperación, revaluación y
devolución a nuestro pueblo de su tradición carnavalesca. Lo he cambiado al
tiempo pasado para explicar la situación en que se encuentra nuestro carnaval
popular, e incitar a la reflexión sobre el tema. Jorge guigni
El autor, es
investigador, fotógrafo, gestor cultural, dibujante, escrito, miembro fundador
del Carnaval Popular de San Cristóbal.



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