San Cristóbal, Por Julio César GarcÃa. - Existen rincones en nuestra isla donde el progreso ha decidido detenerse y pedir permiso antes de entrar. Son lugares que, más que ubicaciones geográficas, son cápsulas de memoria colectiva. Recientemente, tuve la oportunidad de visitar dos comunidades que, aunque separadas por la geografÃa, comparten un ADN constructivo que se niega a desaparecer: Duveaux, en San Cristóbal, y San Rafael del Yuma, en La Altagracia.
Mi periplo comenzó en Duveaux, y lo que
encontré allà fue, sencillamente, una lección de "temporalidad
detenida". Las siguientes imágenes no son fotografÃas antiguas; son
instantáneas de un presente que atesora su pasado.
Duveaux: El Billar Descalzo y la Casa que Recuerda
Lo primero que captura la atención en Duveaux
es un espacio lúdico que desafÃa cualquier convención urbana. Es un billar, sÃ,
pero un billar que respira. Protegido apenas por un techo de zinc envejecido y
sostenido por troncos de madera rústica, este "salón" no tiene
paredes. Es completamente abierto, integrando el verde de la vegetación con el
marrón de la tierra.
Pero el detalle que verdaderamente
romanticiza este lugar es su suelo. En un terreno donde el cemento pulido
brilla por su ausencia, la nivelación de la mesa de billar se convierte en un
acto de fe y maña. Ver esas piedras estratégicamente colocadas bajo las patas
para compensar la inclinación del terreno es ver la esencia misma de nuestra
gente: encontrar soluciones creativas donde otros verÃan impedimentos. Es un
espacio que no necesita lujos para albergar risas y competencia, solo la
voluntad de estar juntos.
Muy cerca de allÃ, la nostalgia constructiva toma forma de vivienda. Me detuve ante una casa que, a primera vista, parece un anacronismo. Sus paredes están levantadas con bloques y cemento —materiales modernos— pero su alma pertenece al siglo XX. Mantiene la forma fiel de las antiguas casas de madera de principios de la centuria pasada: la puerta central de madera, la ventana pequeña y discreta, y ese perfil inconfundible que evocaba los hogares de nuestros abuelos. Es un tributo arquitectónico; la modernidad rindiendo cuentas a la tradición.
Yuma y la Nostalgia de Madera
Al otro extremo de la isla, en Yuma, el paisaje nos cuenta otra historia, una de bonanza y esplendor antiguo. AllÃ, las construcciones que alguna vez albergaron a las familias más adineradas se mantienen como centinelas de la historia. Son hogares que en su momento representaron la cima de la arquitectura vernácula:
La Nobleza de la Madera: Esas fachadas
de tablas horizontales, que han resistido décadas de sol y lluvia caribeña, nos
hablan de una maestrÃa artesanal que ya se ha extinguido.
El Techo que Canta: El zinc, corroÃdo
pero firme, nos recuerda la banda sonora de la infancia: el repiqueteo de la
lluvia que anunciaba el descanso.
Un SÃmil que Nos Identifica
A pesar de los kilómetros, el sÃmil
entre las construcciones de Duveaux y Yuma es innegable. Ambas comunidades,
cada una a su manera, han decidido mantener la temporalidad de sus fachadas. Ya
sea a través de la reconstrucción fiel en concreto o la preservación de la
madera original, el mensaje es el mismo: la forma importa.
Visitar estos lugares es un ejercicio
necesario de memoria. Es recordar que la identidad no se construye solo con
acero y cristal, sino que se nutre de la calidez de la madera, la textura del
zinc y la inventiva de un billar nivelado con piedras. Son hogares, son
refugios, son nuestra herencia atemporal que nos susurra quiénes fuimos para
que no olvidemos quiénes somos.






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