Subscribe Us

El poder de las expectativas de poder: una espiral que condiciona la política

San Cristóbal, Por Julio César García. –En la discusión pública solemos hablar del poder como algo tangible: un cargo, una institución, una capacidad de decisión. Sin embargo, existe una dimensión menos explorada y no menos decisiva: las expectativas de poder, este artículo se basa en una conversación con el arquitecto Gustavo Lara Tapia, en la que surgió la expresión “Las Expectativas que genera el poder”, Es decir, la atmósfera que rodea a ciertos actores políticos y sociales, aun cuando no ostentan el poder formal, pero que los mantiene como figuras influyentes gracias a la posibilidad —real o imaginada— de que puedan volver a ejercerlo.

La fuerza de lo anticipado

El poder no es solo lo que se ejerce en el presente, sino lo que se espera que pueda ejercerse en el futuro. Esa expectativa genera confianza, temor, adhesión o resistencia, y se convierte en una fuerza autónoma capaz de otorgar influencia a quienes ya no ocupan cargos. Es lo que podríamos llamar un poder latente, sostenido por narrativas colectivas y por la profecía autocumplida: si se espera que alguien regrese, esa expectativa moviliza recursos y voluntades que hacen más probable su retorno.

La espiral de las expectativas

Las expectativas no son estáticas; funcionan como una espiral. Cada gesto, rumor o alianza alimenta la percepción de que un líder puede volver, y esa percepción se retroalimenta, creciendo más allá de la realidad inmediata. La espiral puede convertirse en un motor de influencia política, incluso sin poder institucional. Pero también puede desinflarse si las expectativas no se cumplen, mostrando la fragilidad de este tipo de poder.

Expectativas estando fuera del poder

La República Dominicana ofrece casos claros de esta dinámica:

- Leonel Fernández, tres veces presidente, cuya figura sigue rodeada de expectativas de retorno que lo mantienen como actor central.

- Danilo Medina, fuera del poder, pero con influencia en el PLD, sostenida por la expectativa de reorganización y resistencia interna.

- Hipólito Mejía, presidente en 2000–2004, que conserva peso simbólico y capacidad de influencia en el PRM gracias a las expectativas que genera.

Estos ejemplos muestran cómo el poder no se limita al cargo, sino que se prolonga en la atmósfera de expectativas que rodea a quienes lo ejercieron.

 

Expectativas estando en el poder

Las expectativas también operan mientras un líder gobierna:

- Expectativas de continuidad: la ciudadanía y los partidos proyectan la posibilidad de que el poder se mantenga más allá del mandato.

- Expectativas de expansión: se anticipa que el poder en ejercicio se ampliará en reformas, control o influencia.

- Expectativas de sucesión: mientras alguien gobierna, se generan expectativas sobre quién heredará ese poder.

- Expectativas de límites: en democracias, el poder en ejercicio está marcado por la expectativa de que terminará, lo que regula la legitimidad.

Ejemplos dominicanos lo ilustran: durante el segundo mandato de Danilo Medina, la expectativa de continuidad más allá de los límites constitucionales generó un intenso debate; en las presidencias de Leonel Fernández, la expectativa de retorno futuro se proyectaba incluso mientras gobernaba; y en el caso de Hipólito Mejía, la expectativa de reelección condicionó su mandato y la dinámica interna del PRD.

El caso actual de Luis Abinader

El presidente Luis Abinader ofrece un ejemplo contemporáneo de cómo las expectativas de poder operan en el ejercicio mismo del gobierno. Al modificar el marco legal y establecer un límite de ocho años para su mandato, Abinader introdujo una expectativa clara: este será su último período en el poder. Esa decisión, aunque fortalece la institucionalidad democrática, también genera una dinámica particular de expectativas.

Por un lado, la expectativa de continuidad limitada redefine la relación entre ciudadanía y gobierno. Los actores políticos, económicos y sociales saben que el horizonte de poder de Abinader tiene fecha de caducidad, lo que condiciona alianzas, inversiones y estrategias de sucesión. Por otro lado, la aparición de escándalos de corrupción en su administración alimenta otra expectativa: la de que su legado será evaluado no solo por las reformas legales que impulsó, sino también por la capacidad de enfrentar las sombras que acompañan a todo ejercicio prolongado del poder.

En este contexto, las expectativas cumplen un doble papel:

- Expectativas de estabilidad: el límite autoimpuesto transmite la idea de respeto institucional y previsibilidad.

- Expectativas de desgaste: los escándalos generan la percepción de que el poder puede perder legitimidad antes de concluir su ciclo.

- Expectativas de sucesión: al no poder aspirar a un nuevo mandato, la atención se desplaza hacia quién recogerá la herencia política y cómo se configurará el escenario posterior.

Un fenómeno global

No es un fenómeno exclusivo de República Dominicana. Líderes como Charles de Gaulle en Francia o Winston Churchill en Reino Unido vivieron períodos fuera del poder, pero la expectativa de su regreso los sostuvo como figuras decisivas. Movimientos sociales también han nacido de expectativas compartidas antes de consolidar poder real: la expectativa de cambio puede ser más poderosa que la fuerza material en sí.

Implicaciones para la democracia

La teoría del poder de las expectativas abre un debate necesario:

- ¿Fortalece la democracia al mantener vivas figuras y liderazgos más allá de su mandato?

- ¿O la debilita al bloquear la renovación y perpetuar mitos políticos?

- ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en amplificar o desinflar esas expectativas?

- ¿Cómo puede la ciudadanía distinguir entre expectativas legítimas y manipulaciones simbólicas?

Conclusión

El poder de las expectativas de poder nos recuerda que la política no se juega únicamente en los salones de gobierno, sino también en la imaginación colectiva. Allí, en esa esfera de anticipaciones y narrativas, se construyen fuerzas que condicionan partidos, alianzas y decisiones. Reconocer esta dimensión es clave para comprender la dinámica política contemporánea y para defender una democracia que no se deje atrapar por la ilusión de lo que podría ser, sino que se sostenga en la realidad de lo que es.

Publicar un comentario

0 Comentarios