San Cristóbal, R.D. Por Julio César García. - En la era digital, donde la palabra circula con una velocidad nunca antes vista, el ensayo Cuando las palabras destruyen de Monique Atlan y Roger-Pol Droit se convierte en un espejo inquietante de nuestro tiempo. Los autores advierten que el lenguaje, lejos de ser un simple instrumento de comunicación, puede transformarse en un arma que erosiona la convivencia y abre la puerta al totalitarismo.
Dos caras del discurso político
El libro plantea que la palabra es
ambivalente: puede ser semilla de democracia o mecha de totalitarismo. En un
extremo, el discurso pluralista que construye ciudadanía; en el otro, las
palabras de odio que operan como dinamita, capaces de incendiar sociedades
enteras.
Los autores recuerdan un proverbio
chino: “Una chispa puede incendiar toda una llanura”. La metáfora es
contundente: un discurso destructivo puede encender la llanura social y
preparar el terreno para que la sociedad arda en violencia o incluso derive en
genocidio. Las palabras de odio funcionan como una mecha: pequeñas,
aparentemente insignificantes, pero con un poder devastador.
La inflación de las palabras
Atlan y Droit también advierten sobre la
saturación verbal que caracteriza nuestra época: “Vivimos en un flujo
permanente y globalizado de palabras, todo nos habla: teléfonos, radios,
televisores, computadoras, GPS, sistemas de audio… todo parece tener voz. Esta
inflación de las palabras constituye una saturación degradante, porque al estar
presente en todas partes el habla corre el riesgo de estar en ninguna.”
La cita revela un fenómeno inquietante:
la omnipresencia del discurso puede vaciarlo de sentido. En un mundo donde todo
habla, la palabra corre el riesgo de perder su capacidad de significar y de
convocar.
Una advertencia para periodistas y
ciudadanos
El ensayo es también un llamado a
quienes ejercemos el oficio de informar. La libertad de expresión no puede
desligarse de la responsabilidad ética: cada palabra publicada tiene
consecuencias. Defender la democracia implica cuidar el lenguaje, evitar que se
convierta en arma y recuperar su capacidad de dar vida y dignidad.
Resonancias en América Latina
Aunque el libro aún no circula en
República Dominicana, su mensaje es universal. En nuestras sociedades, donde la
polarización política y la desinformación digital crecen, la advertencia de
Atlan y Droit es clara: las palabras pueden ser el inicio de la convivencia o
el preludio del desastre.
En un mundo, donde la transformación
cultural y urbana despierta pasiones, el lenguaje público refleja esa tensión:
¿será usado para construir comunidad o para dividirla?
En conclusión, el libro cuando las
palabras destruyen nos recuerda que el lenguaje es el corazón de la democracia.
Reaprender a hablar, recuperar la ética de la palabra y resistir la tentación
de usarla como arma son tareas urgentes. Porque, como advierte el proverbio
chino, basta una chispa para incendiar toda una llanura.
La pregunta que queda abierta es si elegiremos palabras que iluminen o palabras que oscurezcan. Entre democracia y totalitarismo, la diferencia puede estar en una sola frase.


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