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¿Qué pasó con la Navidad que conocimos?


Santo Domingo, Domingo Abreu. -
En nuestro caso, la pérdida de la tradición navideña, como tal, ha sido inducida, por un lado, y modificada por otro.

En los años 50, y ya desde el primero de diciembre, todos los programas de radio y (la única) televisión, comenzaban con un tema de Navidad. En el Canal 4, el único que había, colocaban una viñeta navideña para los distintos cambios de programa.

En la radio, todas las emisoras adoptaban uno dos programas del día solamente para la música de Navidad. Algunas emisoras ponían solamente música de Navidad y felicitaban a la población de parte de comercios, empresas, importadoras, marcas y hasta colmados, los más populares en la capital y en las provincias. Así, todo el mes y hasta finalizar con los Reyes Magos del 6 de enero, todo era ambiente navideño. O sea, toda la Navidad popular se orquestaba desde la radio, mientras que la Navidad eclesial era organizada por las distintas parroquias.

Las orquestas más populares hacían su producción de Navidad, mientras que otras menos populares le seguían los pasos a la Orquesta Santa Cecilia, a Papa Molina y su Orquesta, José Reyes, a Félix del Rosario y los Magos del Ritmo, a Johnny Ventura y su Combo Show. En tanto, los tríos de merengue típico, como El Trío Reynoso, se aplicaban con sus arreglos de villancicos adaptados al merengue.

Aparte de esto, y como más que reforzamiento, estaba la música navideña de La Sonora Matancera, de Cuba; El Trío Vegabajeño, de Puerto Rico, más una cantidad de cantantes cuyas creaciones y adaptaciones se hicieron clásicas y tradicionales en cada Navidad.

¿Qué echó a perder todo esto? La payola de los grupitos de música de guardias, que luego devinieron en convertirse (a base de dinero) en conjuntos de bachata, de ruido dedicado solo a las malquerencias femeninas, al machismo machacador de mujeres, al recurso de la bebida para “matar amores” en los bares, y al crecimiento exponencial de la venta de ron y cerveza para esa “matadero de amores” que trajeron como consecuencia la matadera física de mujeres. Y hasta la Navidad sucumbió frente a esa asociación de bachata, ron y muerte.

Fíjense que la bachata no tiene producción navideña, puesto que la Navidad no coexistía originalmente con el llamado “a beber” o a vengar una traición “de amor”. Ni siquiera en este “reinado de la bachata” han podido crear identidad con la cultura del desamor que clama venganza, ni mucho menos han podido vincular la Navidad con el sexo abierto, explícito, violento y vociferado que suena cada vez con mayor estridencia y ensordecedora difusión fija y móvil, mientras “las autoridades” miran al cielo o a cualquier otro lado. Al no poder aplicarse al sentimiento navideño que en los niños y niñas llena de ensueño, esperanza, alegría entre árboles de Navidad, regalos de Reyes Magos, y que nos llegaba en los olores de las manzanas, la pintura fresca en cada casa, y el olor de los materiales para el tapizado nuevo de los muebles -al no poder aplicarse a todo este hermoso sentimiento- la bachata y “ritmos” conexos, recurren al aplastamiento de la tradición originaria, con la complicidad de las emisoras de radio, los locutores, los presentadores de TV, las impresentables “presentadoras” medio desnudas, el comercio importador y -naturalmente- el Estado y la sociedad de consumo.

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