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El poder y sus fragilidades, desafíos del PRM


San Cristóbal, Por Julio César García. –
La Junta Central Electoral ha definido el orden de los partidos en la boleta que regirá las próximas elecciones: PRM, FP, PLD, PRD, PRSC, DxC y otros más, siguiendo la proporción de votos obtenidos en el pasado proceso. Este detalle, aunque técnico, abre la puerta a una reflexión mayor: ¿cómo se juega realmente el poder en un país donde todos los principales partidos ya han gobernado?

La oposición enfrenta tres desafíos esenciales:

Recuperar la confianza ciudadana, demostrando que sus propuestas no son meras promesas recicladas.

Romper la desesperanza política, que no distingue entre oficialismo y oposición, y que erosiona la credibilidad del sistema en su conjunto.

Construir un relato de futuro, capaz de inspirar a una sociedad fracturada y cansada de la repetición de errores.

El desgaste del poder y los malos funcionarios

Sin embargo, el desgaste del gobierno actual no parece depender de la fuerza de sus adversarios ni de los escándalos que, una vez judicializados, se diluyen en frases como “eso es un tema de la justicia”. El verdadero riesgo para el PRM se fragua en su interior: en la gestión deficiente de áreas sensibles como salud, agua, energía, transporte, educación, seguridad y medioambiente. Allí donde la ciudadanía espera soluciones concretas, encuentra funcionarios sin preparación, sin sensibilidad y sin resultados.

El precio de gobernar sin resolver los problemas estructurales es alto. Culpar a los gobiernos pasados ya no basta: el ascenso del PRM se debió precisamente al hartazgo con esas prácticas. Repetirlas es sembrar la semilla de su propio declive.

No será la ausencia de un legislador en su curul ni la falta de una nueva carretera lo que defina el futuro político. Será la incapacidad de responder a las necesidades más básicas de la población lo que convierta al oficialismo en oposición. El poder se pierde cuando se falla en lo esencial.

El PRM aún dispone de dos años y algunos meses para corregir el rumbo. El tiempo es breve, pero suficiente para demostrar que puede gobernar con eficacia y sensibilidad. De lo contrario, la historia será implacable: resurgir o perecer.

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