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Travesía del Arte, El despertar de una juventud que ya no espera por un título


San Cristóbal, Por Julio César García. –
La disrupción e irreverencia son expresiones revolucionarias en cualquier actividad y en cualquier época, pero cuando se trata de arte, adquieren ese carácter casi divino que nos invita a dejarnos cuestionar por aquello que rompe lo establecido.

En nuestro sistema educativo ha surgido una modalidad que invita precisamente a ese cuestionamiento; que se muestra irreverente, que nos pide meditar y que, al romper los moldes tradicionales, recrea la forma en la que miles de jóvenes se identifican con la educación. La llaman "Modalidad en Artes", aunque en el fondo, parece estar buscando un nombre que haga justicia a la vida que emana de ella, algo como “Pedagogía del Ser”.

El fin del bachillerato "de espera"

Asistir a las galas de presentación de los liceos en artes es entender que la educación hoy reclama otras formas. Esperar seis años para simplemente "colgar un título" de bachiller ya no es la opción que buscan los jóvenes. Al observar los resultados, la conclusión es clara: el modelo tradicional se ha quedado atrás, estancado en una inercia que ya no conecta con el pulso de las nuevas generaciones.


Hoy, los chicos y chicas que acuden a estos centros no esperan al acto de graduación para sentirse realizados. Antes del título, ya cuentan con la validación social de sus aptitudes. Antes de la toga y el birrete, ya han exhibido sus creaciones: han pintado, han moldeado, han cantado, han bailado y han hecho suyas las tablas del teatro. Estos jóvenes ya han saboreado los aplausos que validan su talento en el presente, no en un futuro lejano.

San Cristóbal: Un escenario pequeño para un talento inmenso

La reciente experiencia vivida en la Casa de la Cultura de San Cristóbal, con la Gala Regional 2026 "Travesía del Arte", nos invita a reflexionar sobre qué está buscando la juventud y qué le ofrece un sistema basado en criterios de hace varias décadas; un modelo que ya venció su garantía y su vida útil.

El emblemático escenario del Liceo Musical Pablo Claudio y los pasillos de la Casa de la Cultura se mostraron insuficientes para albergar el desborde creativo de los estudiantes de nuestra regional. Fue corto el tiempo y reducido el espacio para todo lo que estos futuros bachilleres quisieron ofertar. El arte se desbordó en un recinto que, aunque cargado de historia, quedó a deber ante la magnitud de la entrega juvenil.

Protocolos necesarios, pero imprudentes

Sin embargo, no todo fue celebración. La necesidad de reconocimiento de las autoridades nacionales resultó imprudente en un escenario donde el protagonismo pertenecía a los estudiantes. Los chicos y chicas estaban allí desde antes del mediodía, preparados para darlo todo, y debían recoger sus muestras para regresar a sus hogares.

Una actividad que, por su diversidad y contenido, agotaba más de cinco horas, debió limitarse a lo artístico, sin más. El arte es libre por derecho y fluido por naturaleza; someterlo a la rigidez de la burocracia y a discursos protocolarios es restarle oxígeno a la creación y energía a sus protagonistas.


Expectativas ante la Gala Nacional

El anuncio de la Gala Nacional de liceos en Modalidad en Artes es un síntoma saludable de la gestión de estos centros. Así como los liceos politécnicos realizan sus ferias para mostrar su competencia técnica, estas galas sirven para ver "lo mejor de lo mejor" de nuestros artistas en formación. Es, además, un llamado urgente a la reflexión sobre ese bachillerato tradicional que aún mantenemos como columna vertebral del sistema, pero que palidece ante la vitalidad de estos nuevos modelos.


En hora buena

Vayan las felicitaciones a todos los actores de este esfuerzo por una educación más dinámica. Esa educación que no solo entrega un cartón, sino que forma seres humanos capaces de mostrar en la práctica lo que han aprendido. Esta modalidad permite una evaluación real, tanto para el estudiante como para el docente, porque el arte no miente: se ve, se escucha y se siente.

Sigamos apostando por esa irreverencia que educa y por esa disrupción que, lejos de ser un desorden, es el orden nuevo que nuestra juventud está tratando de gritarnos.

   

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