San Cristóbal, Por Julio César García. - En el marco del Día Internacional del Jazz, la escena cultural se detiene a reflexionar sobre un género que ha roto fronteras para convertirse en un símbolo de unidad y creatividad.
En un reciente encuentro en el programa
cultural Entre Libros, Cultura y Tú, el maestro Toné Vicioso compartió una
visión reveladora: el jazz no es un destino final, sino un puente hacia
nuestras propias raíces.
El Jazz: Una Herramienta de Apertura
Para Vicioso, la esencia del jazz reside
en la libertad. Citando a figuras icónicas como Miles Davis y Don Cherry, el
maestro explicó que estos genios a menudo rechazaban las etiquetas; para ellos,
el jazz era simplemente "hacer música" con una mentalidad de apertura
absoluta.
Desde esta perspectiva, el jazz funciona
como una herramienta técnica y espiritual que permite a los músicos de
cualquier latitud explorar nuevos cuerpos armónicos y rítmicos. Esta influencia
ha permeado géneros tan diversos como el Bossa Nova brasileño y el merengue de
salón dominicano, demostrando que la sofisticación musical es un diálogo
constante entre lo universal y lo local.
Puerto Plata: El Corazón Histórico del
Jazz
Un punto clave de su análisis fue la
desmitificación del jazz como un género foráneo o reciente en la República
Dominicana. Vicioso subrayó que Puerto Plata ha sido un bastión del género
desde 1916.
Desde la "Novia del
Atlántico", el jazz se expandió por el territorio nacional, gracias a la
labor de pioneros y difusores como Ricardo Luna y Federico Astwood, quienes
educaron el oído de generaciones completas y permitieron que músicos dominicanos
compartieran escenarios de talla mundial.
La Misión de la "Música Raíz"
El aporte más significativo de Vicioso
en esta conversación fue su llamado a valorar la música raíz como el material
genético de nuestra creatividad. Como docente de la Universidad Pedro Henríquez
Ureña (UNPHU), el maestro promueve un estudio serio de ritmos que son
patrimonio de la humanidad, tales como:
Los Congos de Villa Mella: Una expresión
pura de la herencia afrodominicana.
La Sarandunga y el Pripri: Ritmos que
encapsulan la identidad regional y religiosa.
El Bamboulá: El eco rítmico de la
península de Samaná.
El Legado de los Gigantes
Toné rindió homenaje a figuras que
supieron amalgamar el jazz con la esencia dominicana:
Luis Díaz: El genio que reinterpretó los
estilos tradicionales con un discurso social sólido.
Tavito Vásquez: El virtuoso del saxofón
que demostró que el talento dominicano no tiene nada que envidiar a los grandes
maestros de Nueva York.
Hacia una Nueva Educación Musical
El maestro concluyó con una invitación a
integrar estos conocimientos en la educación formal. Para Vicioso, conocer
nuestros ritmos no es solo un deber cultural, sino un beneficio creativo:
"El que es creativo se nutre de esos ritmos, los interioriza y después le
salen a su propia forma".
Hoy celebramos el jazz como esa fuerza
que nos invita a ser libres, pero también como el espejo que nos devuelve la
imagen de nuestra propia e inagotable riqueza sonora.


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