San Cristóbal, Por Julio César GarcÃa Espinal. – El ambiente de celebración en nuestros órganos legislativos, tras la aprobación del nuevo Código Penal, contrasta profundamente con la realidad que se vive en los barrios populares. AllÃ, los apagones y la falta de agua no dan tregua; la delincuencia y los altos precios continúan azotando a una ciudadanÃa que apenas sobrevive.
Este
contraste evidencia, una vez más, el abismo que separa a nuestros legisladores
del pueblo al que dicen representar. Muchos viven en una burbuja que les impide
ver lo que la sociedad realmente espera de ellos. Se han elevado a una especie
de Olimpo donde habitan los dioses, lejos del esfuerzo cotidiano que representa
llegar a fin de mes para la mayorÃa.
La
falta de fiscalización y el abandono de lo urgente
La
población espera que sus legisladores ejerzan su función de fiscalización con
firmeza. ¿Por qué se reducen las horas de energÃa mientras el costo mensual del
servicio aumenta? ¿Cómo es posible que, teniendo presas a plena capacidad,
muchos barrios sigan sin agua potable? ¿Por qué, si hay superávit en la
producción agrÃcola, los precios de los productos básicos continúan elevándose?
Sin
embargo, la representación legislativa se ha desplazado hacia un solo frente:
el debate sobre nuevas leyes o la actualización de códigos, dejando de lado la
imprescindible tarea de velar por el bienestar real de la población.
La
desconexión frente a las decisiones difÃciles
En las
cámaras legislativas, temas como las “tres causales” han sido objeto de debate
intenso. Mientras tanto, en los barrios, la realidad impone decisiones
dolorosas. La hija de Maira quedó embarazada, y ante la imposibilidad de
mantener otro hijo, Maira recurrió a remedios caseros: compró una malta
alemana, buscó raÃces y semillas, y se las dio a beber a su hija. Porque,
aunque el código diga lo que diga, ella sabe que no puede con una boca más que
alimentar.
Este
ejemplo no busca escandalizar, sino mostrar cómo las leyes muchas veces se
aprueban de espaldas a la realidad de quienes más necesitan protección y
opciones reales.
Representación
capturada y esperanza limitada
Nuestros
órganos legislativos están ocupados, en su mayorÃa, por representantes del
poder que dicta las reglas y conserva sus privilegios. Esto ha alejado aún más
al pueblo pobre, ese mismo que eligió con esperanza a quienes hoy le dan la
espalda.
Claro
está, dentro de esta manada de legisladores existen excepciones. Pero son solo
eso: excepciones.
Reflexión
final
Un
sistema democrático saludable no se mide por cuántas leyes aprueba el Congreso,
sino por cuán bien esas leyes responden a las necesidades del pueblo. Hoy, más
que nunca, necesitamos representantes que escuchen, que actúen, y que no vivan
aislados en salones con aire acondicionado mientras la mayorÃa suda en calles
oscuras y sin agua.


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