San CristĂ³bal, Por Julio CĂ©sar GarcĂa Espinal. - Cuando se pierden los referentes comienza la desventura, se inicia un viaje sin norte, ni brĂºjula, la sociedad de hoy atravesada por este metaverso, por este panĂ³ptico digital, ese que es mucho mĂ¡s preciso y perverso que el panĂ³ptico penitenciario propuesto por Jeremy Bentham para las prisiones del siglo XVIII, o el que resignificĂ³ Michel Foucault; el panĂ³ptico moderno no solo vigila: forma sujetos y no tiene un referente visible que sirva de guĂa.
Hace unos
años se iniciĂ³ la desconstrucciĂ³n de figuras que de alguna forma se convertĂan en
paradigmas que nos invitaban a seguir sus ejemplos, algunos simples mortales, otros,
figuras celestiales que con su gran poder nos brindaban la salvaciĂ³n o el
castigo eterno.
La desmitificaciĂ³n
ha logrado por fin, mĂ¡s que liberarnos, sumirnos en un mundo de confusiones que
van desde lo académico, lo moral, lo ético hasta lo espiritual. hoy Dios es un
mito y el diablo su contraparte, la ciencia una falacia y la realidad un
constructo social, esta relativizaciĂ³n generalizada ha generado un terreno
fĂ©rtil para el escepticismo absoluto y la fragmentaciĂ³n del saber.
Estamos
al borde del caos y lo vemos como quien ve una serie en la pantalla, hemos
perdido la conciencia de lo que nos rodea y hemos virtualizado hasta nuestras
emociones.
En dĂas
en los que la virtualidad, “la no cosa” como dice Byung Chul Han para referirse
a una experiencia humana que ha perdido corporeidad, densidad y duraciĂ³n es necesario tener referentes validos. La
virtualidad nos permite estar “conectados”, pero no presentes. A esta nueva experiencia humana y deshumanizante
que busca el hedonismo no importa a qué precio, se nos hace urgente cuestionar y
cuestionarnos sobre ¿CĂ³mo debemos avanzar en un universo sin norte, sin guĂas,
sin referentes?
La reinvenciĂ³n
colectiva es tal vez la salida mĂ¡s prĂ³xima, quizĂ¡s es la Ăºnica acciĂ³n posible
antes del fin de un mundo que con sus altas y bajas nos ha permitido llegar
hasta este momento, hasta este instante crucial donde se ha de terminar el
universo conocido para entrar en una nueva manera de conocernos, vernos y
relacionarnos.
Mientras
nos quede esperanza seguiremos agarrados a esta tabla de nĂ¡ufragos que llamamos
vida, aunque ya nada tenga que ver con lo que conocimos como tal. En este momento
hay un algoritmo detectando tus emociones al leer este texto, en este panĂ³ptico
digital que nos controla y nos conecta.
Pero
si somos capaces de reconocerlo, de hacer visible lo invisible, aĂºn hay
posibilidad de resistencia.
Tal
vez esa sea nuestra verdadera tarea: volver a vernos, mĂ¡s allĂ¡ de las
pantallas. Recuperar la mirada, el diĂ¡logo, el encuentro. Porque, incluso en
este panĂ³ptico digital que nos controla y nos conecta, aĂºn podemos elegir cĂ³mo
relacionarnos, cĂ³mo narrarnos, y, sobre todo, cĂ³mo reconstruir sentido.


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