San Cristóbal, por Julio César García. — Desde los acordes iniciales en los aguinaldos de Hatillo hasta las grandes plazas internacionales de Nueva York, la vida de Eduardo de la Rosa es el fiel reflejo del talento, la disciplina y el arraigo cultural.
En una reciente entrega del programa
radial Entre Libros, Cultura y Tú (Magis 98.3 FM), producido y conducido por
Denisse Madé y Julio César García, el destacado trombonista sancristobalense
repasó los hitos de una carrera que lo sitúa como una pieza clave de la música
popular dominicana.
Del Reformatorio a las Grandes Orquestas
La vocación musical de De la Rosa se
moldeó en la emblemática escuela de música del Instituto Preparatorio de
Menores (El Reformatorio), una cantera histórica de ejecutantes donde la teoría
y la solfa precedían al contacto con el instrumento. Esa rigurosa formación le
permitió integrarse a la Banda Municipal y pulir su estilo en las filas del
Ejército y la Marina entre 1978 y 1982.
Su salto a las orquestas profesionales lo llevó por la Santo Domingo All Star —grabando el éxito "Mis años con ella" junto a Nikki Soul— e integrándose al mítico Combo Show de Johnny Ventura. Allí compartió escenario con figuras como Pablito Barriga y adoptó la estricta disciplina escénica de la época. Su calidad con el trombón lo llevó además a grabar clásicos como "La gotera" y "Juana" junto a la sección de vientos del maestro Rafael Solano.
Proyección Internacional y la Nostalgia del Anonimato
En 1985, De la Rosa trasladó su talento
a Nueva York, donde perfeccionó sus conocimientos en el Lehman College, dirigió
la orquesta de Ravel y colaboró con estrellas como José Alberto "El
Canario".
Sin embargo, detrás de estos logros
internacionales subyace una amarga realidad compartida por la clase musical: en
San Cristóbal y a nivel nacional, la mayoría de los instrumentistas pasan
prácticamente desapercibidos para el ciudadano común. Aquellos ejecutantes que
sostuvieron la era dorada del merengue y moldearon la identidad sonora del país
rara vez son reconocidos al caminar por sus propias calles. Esta falta de
memoria colectiva genera un matiz de nostalgia y desencanto entre maestros que
dieron su vida al arte, pero cuyos nombres permanecen en la sombra del público
general.
El Compromiso con el Relevo Generacional
Pese a ese olvido institucional y
social, de regreso a sus raíces, el maestro vuelca su experiencia en la
Academia de Música de San Cristóbal. Como docente y asesor, ofrece formación
gratuita a jóvenes de escasos recursos para facilitar su ingreso a bandas
militares y orquestas profesionales. Con esta labor callada pero
transformadora, Eduardo de la Rosa garantiza el relevo generacional y defiende
con dignidad el patrimonio musical de su provincia.



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