San Cristóbal, Por Julio César García. - El actual ministro de Deportes, Kelvin Cruz, asumió el cargo precedido por una sólida reputación de buena gerencia tras su paso por la alcaldía de La Vega. Con bonos políticos muy altos y una narrativa de eficiencia, su llegada a la dirección de la política deportiva nacional sembró legítimas esperanzas. Todo parecía apuntar a que el país contaría con un gerente ejemplar, un líder transformador capaz de relanzar un ministerio que, con sus históricas luces y sombras, es el responsable oficial del desarrollo atlético e institucional de la nación.
Sin embargo, el paso de los días ha
comenzado a desvanecer el entusiasmo inicial. Como ministro de Deportes, Cruz
no ha logrado marcar la diferencia. Sus recurrentes visitas a las provincias anunciando
con bombos y platillos remozamientos, construcciones y adecuaciones de
infraestructuras se han quedado en la retórica. Hoy, la realidad en el terreno
desmiente los discursos: en demarcaciones como la provincia de San Cristóbal,
las instalaciones no solo no han mejorado, sino que muestran un progresivo
estado de deterioro.
Promesas incumplidas y la pérdida del
norte institucional
Al hacer un balance riguroso entre lo
prometido y lo ejecutado, el veredicto de la comunidad deportiva es severo. La
gestión de Cruz empieza a percibirse como un ejercicio de promesas vacías,
propio de un funcionario que parece restar importancia al desarrollo deportivo
real y al estado físico de los complejos. En el argot popular ya se comenta con
insistencia que el ministro se ha convertido en un "busca cámaras",
priorizando la proyección de su imagen pública por encima de los resultados tangibles
de su gestión.
Los dolientes directos del deporte dirigentes,
entrenadores y atletas entienden perfectamente que las necesidades
presupuestarias suelen superar los recursos disponibles. No se trata de un
desconocimiento de las limitaciones económicas. Lo que se cuestiona es la falta
de voluntad y de diligencia; cuando existe un verdadero empeño por dejar una
huella positiva, se gestionan las soluciones necesarias de manera oportuna y
prioritaria.
El inventario del abandono en San
Cristóbal
El caso de la provincia de San Cristóbal
es un reflejo fidedigno de esta parálisis gerencial. Ninguno de los compromisos
asumidos ha visto la luz:
El Polideportivo Municipal: Presenta hoy
un estado de deterioro mucho más acentuado que el que exhibía al momento de la
designación del ministro.
Estadio Rosendo Sepúlveda: Sigue sumido
en las mismas condiciones deplorables que el propio Kelvin Cruz llegó a
calificar públicamente como un "chiquero".
Play de ligas menores de Cañada Honda:
Los jóvenes atletas siguen esperando el inicio de unos trabajos que no
arrancan.
Pista de Madre Vieja y Play de Lavapiés:
Ambas infraestructuras continúan arrastrando los mismos problemas históricos,
agravados por la falta de mantenimiento.
Estadio Temístocles Metz: Una de las
obras emblemáticas de la provincia que se encamina aceleradamente hacia las
ruinas ante la mirada indiferente de las autoridades.
En definitiva, la gestión de Miderec no
ha resuelto una sola de las problemáticas estructurales del deporte
sancristobero.
Parches ante compromisos internacionales
La mirada crítica no se limita a la
periferia del país. En el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, la principal plaza
deportiva de la nación, la estrategia parece reducirse a la colocación de
"parches" de última hora. Esto ocurre ante la inminente cercanía de
los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, un evento de trascendencia
internacional que se encamina a ser una realidad no por la eficiencia del
Ministerio de Deportes, sino gracias a los esfuerzos titánicos del Comité
Olímpico Dominicano en coordinación directa con el Presidente de la República.
Es imperativo llamar al ministro Kelvin
Cruz a repensar su rol, a revaluar el rumbo de su gestión y a recordar que la
política deportiva de un país no se construye con Relaciones Públicas, sino con
obras concretas que impacten la vida de la juventud y el rendimiento de
nuestros atletas.


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