San Cristóbal, Por Julio César García. – En la historia del fútbol dominicano hay nombres que se convierten en símbolos, y entre ellos destaca con fuerza el de José Humberto Nova, capitán de la selección nacional durante 16 años, máximo goleador de los torneos superiores por cinco temporadas consecutivas y reconocido como Atleta del Siglo XX por el Comité Olímpico Dominicano. Su legado deportivo es incuestionable, pero aún falta un reconocimiento que la historia le debe: su exaltación al Salón de la Fama del Deporte Dominicano.
Un talento atrapado por la falta de
estructura
En la época en que Nova brillaba, la
República Dominicana carecía de una infraestructura futbolística que permitiera
a los jugadores dar el salto al profesionalismo internacional. Mientras otros
países de la región ya contaban con ligas organizadas y mecanismos de
exportación de talento, aquí los futbolistas estaban condenados a quedarse en
el ámbito local. Nova, pese a su calidad y liderazgo, nunca tuvo la oportunidad
de mostrar su talento en escenarios profesionales fuera del país.
Méritos deportivos indiscutibles
- Capitán de la selección nacional por
más de una década y media.
- Reconocido en cinco ocasiones
consecutivas como Atleta del Año por la Asociación de Cronistas Deportivos de
Santo Domingo (ACD) y el Comité Olímpico Dominicano (COD).
- Máximo goleador de los torneos
superiores durante cinco años seguidos.
- Distinguido como Atleta del Siglo XX,
un título que resume su impacto en el deporte nacional.
Un juicio injusto
A pesar de su calidad indiscutible, su
entrega constante y los sacrificios personales que realizó para mantener viva
la pasión por el fútbol en la República Dominicana, Humberto Nova ha sido
relegado por quienes deciden quiénes son exaltados al Salón de la Fama. Esa
exclusión constituye no solo una injusticia hacia un atleta que lo dio todo por
su selección y por el deporte nacional, sino también una negación del contexto
histórico en el que se desarrolló su carrera.
En una época marcada por la ausencia de estructuras deportivas y oportunidades profesionales, Nova se mantuvo firme, liderando a la selección y demostrando que el talento dominicano podía brillar incluso en condiciones adversas. Ignorar estas circunstancias y juzgarlo con criterios ajenos a su realidad es desconocer la historia misma del fútbol dominicano.
La deuda pendiente
Hoy, cuando el fútbol dominicano ha
avanzado y los jóvenes cuentan con más oportunidades, es justo mirar hacia
atrás y reconocer a quienes abrieron camino en condiciones adversas. Humberto
Nova es uno de esos pioneros. Su nombre debe estar inscrito en el Salón de la
Fama del Deporte Dominicano, no solo por sus méritos deportivos, sino por el
ejemplo de perseverancia y liderazgo que dejó a generaciones posteriores.
Conclusión
La historia del deporte no puede escribirse ignorando a sus grandes protagonistas. Humberto Nova fue capitán, goleador, líder y símbolo de un fútbol que luchaba por existir en un país sin estructura. Reivindicarlo y exaltarlo al Salón de la Fama no es solo un acto de justicia, es un mensaje a las nuevas generaciones: el talento y la entrega siempre merecen reconocimiento.



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