Cuando pasaron algunos minutos del saludo cotidiano de la Aurora, el sol arreaba sus rayos con Ãmpetu hacia el planeta, parecÃa desesperado.
Una guagua anunciadora, a decibeles
promedio, demandaba la compra de baterÃas viejas, colchones viejos, motores de
neveras viejos, culatas viejas, estufas y neveras viejas, abanicos viejos y
todo tipo de hierro viejo, cobre y aluminio.
Rápidamente Cornelio salió a la calle, con la idea de
venderle un colchón que hacÃa algunos meses habÃa sustituido por un nuevo.
Invitó al ambulante comprador para que viera la oferta, quien, al ver el
destartalado colchón, le comunicó que no podÃa comprarlo porque el mismo no
servÃa.
Cornelio lo miró sorprendido y sonriente; y con una irónica mirada le invitó a pasar a otro lugar, haciéndole saber que no querÃa que se fuera vacÃo. Continuaron caminando hasta llegar a la habitación que Cornelio y su esposa Moraima compartÃan, el que de inmediato le mostró su cama, diciéndole, llévese esa y deme algo, que yo duermo en un cartón..
Autor : Simeón Familia


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