Subscribe Us

EDESUR: improvisación, incompetencia, apagones y sobrefacturación


San Cristóbal. Por Julio César García. –
Cuando se analiza el rol de una empresa de servicios, lo primero que se presupone es la existencia de clientes satisfechos, equipos de trabajo bien coordinados, respuestas de alta calidad ante los conflictos, eficiencia administrativa, rentabilidad y una valoración positiva en el imaginario colectivo.

En el caso de EDESUR, la realidad se ha distanciado de forma abismal de este estándar ideal. Nos encontramos ante una compañía en la que nadie confía, con una gerencia que no da la cara a los usuarios y un sistema de "soluciones" donde los afectados terminan sintiéndose estafados y desprotegidos.

Y no se trata solo de la crisis constante de los apagones; EDESUR ha degradado la atención al cliente al nivel más bajo imaginable. Las averías solo se resuelven si un usuario con suficiente influencia logra contactar a uno de los "jefes", o si el azar hace que la situación conmueva a algún funcionario interno.

Si a un ciudadano afectado se le ocurre marcar al número habilitado para reportes (809-288-2844), debe prepararse con suficiente saldo en su móvil: la espera promedio ronda los veinte minutos. Durante ese tiempo, la empresa obliga al usuario a escuchar sus promociones institucionales, imponiendo de manera irrespetuosa publicidad no deseada, esa que irrumpe en la esfera privada del usuario sin su autorización y genera molestias en medio de una emergencia de servicio.

La sobrefacturación: la cereza del pastel

Es en el renglón de la sobrefacturación donde esta empresa ha logrado posicionarse —sin una regulación real que la frene— por encima de cualquier límite razonable de abuso al consumidor. Para que la compañía acepte tramitar una reclamación, el usuario es obligado a pagar por adelantado el 75% del monto facturado.

Para ponerlo en términos gráficos: si el consumo histórico habitual de un hogar es de RD$3,000 y de repente la factura se dispara de forma injustificada a RD$10,000, el cliente debe desembolsar RD$7,500 solo para que le permitan reclamar su derecho. Es decir, se le exige buscar más del doble de su presupuesto habitual para defenderse de un cobro indebido.

Esto supera el ámbito de una mala práctica comercial; constituye una estrategia de captación forzada de fondos. Incluso si al final del proceso se demuestra que el usuario tenía la razón, la diferencia cobrada en exceso no se devuelve en efectivo, sino que queda retenida como un "abono a facturas futuras".

PROTECON: cómplices de un sistema diseñado para el desamparo

PROTECON, organismo dependiente de la Superintendencia de Electricidad creado teóricamente para dirimir los reclamos de los consumidores frente a las distribuidoras, adolece de una evidente falta de capacidad técnico-operativa.

Para colmo de males, la evaluación técnica de la procedencia del reclamo recae en la misma distribuidora. En la práctica, la institución llamada a defender al usuario termina atada al mismo patrón institucional que genera la distorsión.

Un llamado urgente a las autoridades

Es impostergable que el Estado asuma el problema eléctrico con verdadera responsabilidad. Funcionarios y legisladores deben revisar y actualizar la legislación vigente para otorgar una independencia real a PROTECON.

Se necesita un marco regulatorio con responsabilidades civiles claras y penalidades económicas severas para las Empresas Distribuidoras de Electricidad (EDES) por fallas en el suministro y sobrefacturación. Una legislación justa debe proteger verdaderamente al ciudadano, estableciendo que, ante un proceso de reclamación, el monto preventivo a pagar nunca exceda el promedio de las últimas tres facturas normales del usuario.

Publicar un comentario

0 Comentarios