San Cristóbal. – Esa profunda sensación de bienestar, esa conexión extraordinaria con la obra de Dios al fundirse con la naturaleza, es el sello imborrable de un rincón esculpido en el corazón de la Cordillera Central: el municipio de Los Cacaos, que hoy viste sus mejores galas para celebrar su primer centenario.
Caminar sus tierras es, para mí, un
reencuentro constante con su gente, con sus anhelos y esa inquebrantable
voluntad de avance. Su historia, que hoy cumple cien años, comenzó a tejerse
cuando los primeros pobladores llegaron desde Ocoa, cobijándose y haciendo
negocios a la sombra de aquellas dos emblemáticas plantas de cacao cercanas al
río Mahomita.
Así brotó una comunidad que sembró raíces profundas a través de apellidos que hoy son sinónimo de orgullo y trabajo: los Soto, Arias, Chala, Ramírez, Herrera, Martínez, Lara, Amador, Mejía, Zoquier, entre otros.
Fue en 1984, durante el gobierno de
Salvador Jorge Blanco, cuando se selló un acto de estricta justicia al dar el
primer gran paso institucional hacia su reconocimiento territorial. A partir de
esa época, la inversión empezó a revelar el verdadero potencial de esta zona. Y
es que Los Cacaos ha sido, en silencio, pero con fuerza, motor vital del
desarrollo nacional: sus entrañas de agua pura y su capacidad de generación
hidroeléctrica apagan la sed e iluminan gran parte de la nación dominicana.
Hoy, con la transformación de sus vías de acceso, el fortalecimiento de sus centros de salud, el impulso financiero a sus emprendedores y una visión unificada de su liderazgo, este centenario no es una meta, sino el punto de partida hacia su pleno desarrollo ecoturístico.
Desde la Oficina Senatorial de San Cristóbal, abrazamos con profunda admiración a cada hombre y mujer de Los Cacaos. Celebrar sus primeros cien años es reafirmar nuestro compromiso sagrado de seguir caminando a su lado hacia el futuro que merecen.

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