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San Cristóbal en Atasco (II), Delicadeza vial y el reto de sobrevivir a la Constitución y la General Cabral


San Cristóbal, Por redacción. –
Continuamos con esta segunda entrega de tres artículos donde tratamos de reflejar la realidad de nuestro diario vivir en las calles de San Cristóbal.

Si las autopistas de la provincia de San Cristóbal representan un peligro mortal, el centro de la ciudad es el epicentro diario de la frustración ciudadana. El día a día en el casco urbano está marcado por una tormenta perfecta: una inmensa cantidad de motocicletas dedicadas al motoconcho, la falta crónica de señalización horizontal y vertical, el deterioro de calles principales, la nula educación vial de los conductores y un sistema de semáforos obsoletos, apagados o permanentemente dañados.

El corazón de esta anarquía late con fuerza en arterias como la Avenida Constitución. El principal eje comercial del municipio se encuentra hoy bloqueado por el doble parqueo impune y por paradas de motoconchos improvisadas en cada esquina crítica. Paralelamente, la Calle General Cabral se ha convertido en una ratonera urbana: el deterioro severo de la capa asfáltica, la falta de semáforos inteligentes y el cruce desordenado de rutas interurbanas provocan tapones kilométricos que desquician al conductor más paciente.

A este escenario caótico se suma una evidente crisis de autoridad. El problema en San Cristóbal no es la falta de personal; numéricamente, los agentes de la DIGESET desplegados en el casco urbano son suficientes para ejercer un control efectivo. El verdadero problema es la ausencia de voluntad jerárquica y de un mandato claro.

Es una estampa común ver a los uniformados distribuidos en nuestras calles conversando plácidamente entre ellos bajo la sombra de un árbol, sentados en bancos de comercios del entorno o absortos en las pantallas de sus teléfonos móviles, interviniendo para agilizar el tránsito solo en casos verdaderamente excepcionales.

Esta distorsión de funciones ha roto la relación entre el ciudadano y la autoridad a través del polémico sistema de "las multas como cuotas". Existe una queja generalizada de que los agentes salen a patrullar las calles con la única misión de cumplir con un número determinado de infracciones diarias, colocadas muchas veces sin motivos aparentes. Esto invierte la razón de ser de la institución, cuyo fin principal debería ser educar y prevenir, no perseguir y castigar para llenar planillas.

El resultado de esta dinámica represiva es un mayor malestar social que no resuelve el problema de fondo:

Evasión masiva: Muchos conductores acumulan las multas apostando a su vencimiento legal para no pagarlas.

Violencia y peligro: Las detenciones percibidas como arbitrarias terminan con frecuencia en insultos verbales, agresiones directas o en infractores dándose a la fuga a alta velocidad, poniendo en riesgo inminente la vida de los peatones de la Constitución y la General Cabral. Transitar en San Cristóbal, lamentablemente, se ha convertido en un ejercicio de supervivencia hostil.

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