San Cristóbal, Por redacción. – Desde nuestra perspectiva no todo está perdido y estamos a tiempo de resolver uno de los grandes males que tenemos en San Cristóbal, hoy iniciamos con la primera entrega de tres artículos dedicados a edificarnos respecto al caos del tránsito en la ciudad.
Caminar o conducir hoy por San Cristóbal
ya no es un asunto de rutina; se ha transformado en un auténtico reto de
supervivencia. El rugido incesante de los motores, el irrespeto generalizado a
las leyes y el estancamiento en calles diseñadas para otra época describen la
cotidianidad de un municipio que ve su calidad de vida disolverse en el
asfalto.
San Cristóbal se encuentra en una
encrucijada crítica: o se interviene su movilidad de inmediato, o el colapso
definitivo será irreversible.
Para entender la magnitud del problema,
es vital separar dos conceptos que solemos confundir: el tránsito y la
movilidad. El tránsito es simplemente el flujo de vehículos por las vías; la
movilidad, en cambio, es un concepto humano: es la capacidad de las personas
para desplazarse de forma segura, eficiente y digna.
En San Cristóbal hay demasiado tránsito,
pero una pésima movilidad. Al no expandirse nuestras calles al mismo ritmo que
el parque vehicular, sufrimos una severa saturación espacial: las vías actúan
como embudos que simplemente ya no tienen capacidad para albergar más metal
sobre el asfalto.
Las percepciones se convierten en crudas
realidades cuando analizamos los números oficiales al cierre de 2025. El
crecimiento automotriz en la República Dominicana ha tomado un ritmo
vertiginoso, alcanzando un stock nacional de 6,640,871 unidades, lo que
representa un ingreso impactante de 446,819 nuevos vehículos en solo doce
meses. A nivel nacional, el 57.9% son motocicletas, el 17.9% automóviles, el
12.0% yipetas y el 12.2% restante se divide entre vehículos de carga y
autobuses.
Aunque las grandes metrópolis lideran el
volumen total, la provincia de San Cristóbal se posiciona firmemente como la
quinta demarcación con mayor cantidad de vehículos en todo el país, contando
con un parque vehicular propio de 308,997 unidades registradas.
La distribución local refleja una alarmante dependencia de las dos ruedas:
Motocicletas: 221,861 unidades (San
Cristóbal concentra, por sí sola, el 5.8% de todas las motos del país).
Automóviles: 36,610 unidades.
Yipetas (Jeeps): 25,648 unidades.
Este crecimiento desmedido no es
inofensivo; se traduce en luto. Debido a la alta densidad poblacional y al
hecho de ser el punto de cruce de importantes arterias del sur profundo, la
provincia presenta una de las tasas de mortalidad vial más dramáticas de la
región: 40.31 fallecidos por cada 100,000 habitantes.
A nivel provincial, entre el 60% y el
70% de las víctimas mortales corresponden a usuarios de motocicletas, sumado al
altísimo riesgo de colisión con vehículos pesados en vías rápidas y críticas
como la Autopista 6 de Noviembre, específicamente a la altura de Hatillo y
Yaguate.
Las primeras sombras de este colapso se
sienten diariamente en las puertas de entrada a nuestra ciudad. Desde la
Avenida Libertad, hasta la carretera Sánchez llegando a Hatillo y viceversa, se
transforman cada mañana y cada tarde en un cuello de botella humano y vehicular
insoportable. San Cristóbal está bajo asedio automotriz, y la ventana de
oportunidad para actuar se está cerrando.



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