San Cristóbal, por Julio César García. – En Japón existe una máxima milenaria que se enseña desde la infancia: “Si no es tuyo, es de alguien más; por lo tanto, se devuelve”. Es un principio de honestidad radical que sostiene su tejido social. Sin embargo, al observar nuestra conducta actual, parece que esa brújula moral se desdibuja cuando se cruza con la oportunidad del beneficio propio.
Hoy vivimos en un ecosistema de
comunicación saturado. Las redes sociales y sus algoritmos compiten ferozmente,
no solo por entregar contenido, sino por "atrapar" al seguidor en una
red que gobierna nuestra atención. En esa búsqueda de viralidad, solemos
encontrar realidades que conocíamos como rumores, pero a las que nos
resistíamos a dar credibilidad: la fragilidad de la ética y los principios
mínimos de decencia en nuestra cotidianidad.
Es aquí donde surge la figura de Luciano
Valera (La Flipa), un joven de los Nova, en San Cristóbal. Sin pretensiones de
sociólogo o investigador, Luciano ha destapado una serie de conductas
repetitivas, casi patológicas, de nuestra sociedad que merecen un análisis
profundo.
Su experimento es tan simple como
revelador: de forma graciosa, deja caer dinero cerca de una persona,
asegurándose de que esta fije su atención en el billete. Tras la inevitable
expresión “yo me lo encontré (jayé) ahí”, casi la totalidad de sus protagonistas
(a excepción de casos aislados) reclaman el dinero como suyo. Buscan cualquier
argumento para validarse, convencidos de que la suerte justifica la
apropiación.
Lo que más debería inquietarnos no es el
acto en sí, sino el perfil de quienes quedan atrapados en la cámara: abogados,
sastres, profesores, motoconchistas e incluso predicadores. Ver a personas que
se presentan ante la sociedad como referentes morales y espirituales, dejar
salir su lado más oscuro por una suma insignificante de dinero, resulta
desolador.
Más allá de la viralidad, el contenido
de La Flipa debe servir como un objeto de medición social. No es comedia, ni es
un simple show; es un espejo que nos muestra la conducta del individuo ante la
tentación de "lo fácil". Nos invita a cuestionar a quiénes seguimos y
a quiénes vemos como líderes, entendiendo que el tejido social es cada vez más
frágil cuando se intenta obtener algo sin el mérito o el esfuerzo que supone
conseguirlo.
Luciano Valera está mostrando ese lado
que a veces ocultamos bajo apariencias, pero que surge auténtico cuando no
resistimos la prueba del interés. Al final, sus videos son un recordatorio
urgente de lo necesario que es reaprender aquello que los japoneses repiten
hace siglos: “Si no es tuyo, es de alguien más”.


0 Comentarios