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Menores y redes sociales: ¿prohibir o educar?

Imagen : www.msn.com

Madrid, España. -
La inminente aprobación en España de una ley que prohibirá a los menores de 16 años abrir cuentas en redes sociales ha encendido un debate que trasciende lo jurídico y lo pedagógico. La medida, que sigue la senda de Australia y que planean replicar Francia y Portugal, coloca en el centro de la discusión la relación entre infancia, tecnología y responsabilidad pública.

Las ventajas de las redes sociales en la infancia

Las redes sociales no son únicamente un espacio de riesgo. Para muchos adolescentes representan:

- Acceso a información y aprendizaje: permiten descubrir intereses, seguir temas de actualidad y participar en comunidades educativas.

- Conexión social: facilitan la comunicación con amigos y familiares, especialmente en contextos de distancia geográfica.

- Expresión personal y creatividad: ofrecen un escaparate para proyectos artísticos, opiniones y talentos.

- Empoderamiento digital: bien acompañadas, pueden ser una herramienta para aprender sobre privacidad, pensamiento crítico y autocuidado en línea.

En este sentido, especialistas en educación insisten en que apartar a los menores de la tecnología no es la solución, sino enseñarles a usarla con criterio.

Los riesgos y desventajas

Sin embargo, los peligros son evidentes y cada vez más documentados:

- Problemas de salud mental: ansiedad, depresión, dismorfia corporal y adicciones digitales.

- Exposición a riesgos: acoso, bullying, contenidos inadecuados y pérdida de privacidad.

- Arquitecturas adictivas: algoritmos, filtros y notificaciones diseñados para captar atención y prolongar el tiempo de uso.

- Desigualdad y vulnerabilidad: menores sin supervisión adulta o en entornos inestables son más propensos a sufrir consecuencias negativas.

- Impacto en la autonomía: algunos expertos advierten que el exceso de control puede limitar la capacidad de aprendizaje responsable y la formación de criterio propio.

La abogada de familia Delia Rodríguez defiende que la prohibición responde al principio del interés superior del menor y busca salvaguardar derechos fundamentales como la intimidad y la integridad psíquica. Para ella, la regulación aliviará la presión que sienten muchos padres en la “carrera social” por entregar el primer móvil.

La mirada pedagógica

En contraste, la pedagoga Mercedes Gil considera que prohibir no forma ciudadanos críticos, sino usuarios obedientes. Advierte que los sistemas de verificación de identidad pueden derivar en infraestructuras de control que afecten a toda la población. Para Gil, el núcleo del problema no es la existencia de las redes sociales, sino la ausencia de una alfabetización digital sólida: enseñar privacidad, pensamiento crítico, gestión emocional y autocuidado digital.

El dilema regulatorio

Ambas voces coinciden en un punto esencial: la necesidad de políticas públicas integrales. Rodríguez subraya fenómenos como el sharenting y los menores influencers, mientras Gil reclama una actualización profunda del sistema educativo acorde al siglo XXI.

La pregunta de fondo es si prohibir el acceso a redes sociales hasta los 16 años resolverá los problemas o si, por el contrario, se trata de una solución políticamente sencilla pero pedagógicamente insuficiente. Lo cierto es que el debate abre un capítulo crucial sobre cómo equilibrar la protección de la infancia con el derecho a la información y la formación en un mundo cada vez más digitalizado.

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