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La visión limitada hace líderes a ídolos con pies de barro


San Cristóbal, 06/04/2024.-
No regateo el hecho de haber vívido la época en la que la expresión “Líder” concedía un carácter casi divino a quien se le aplicaba.

Muchos fueron los diplomados en los que participé en busca de comprender que era en realidad un líder, como se conseguía convertir una persona en líder, entender si los líderes se hacían o ya se nacía con unas características propias para ser líder, aprender si se podía heredar o no el liderazgo.

Durante muchas horas en la alborada de los 90s se concibieron teorías importantes sobre el liderazgo y se escribieron libros que eran obligatorios leer para comprender e identificar a los potenciales lideres.

Recuerdo la época en la que la búsqueda por comprender qué implica ser un líder nos llevó a participar en numerosos diplomados, donde teorías como el liderazgo centrado en principios de Stephen Covey (1992), "Convertirse en líder" de Warren Bennis (1994), y "El Líder en Ti" de Dale Carnegie (1995) eran lecturas obligatorias para aquellos que anhelaban comprender este concepto fundamental.

Luego cuando llegó el 2000 se desató una especie de fiebre por investigar y conocer sobre el liderazgo a tal nivel que la mayoría acudimos a uno que otro curso, taller o seminario sobre liderazgo, “El poder de uno, Liderazgo participativo, características del buen líder” son solo algunos de los títulos que recuerdo.

Con el paso del tiempo hemos conocido personas que ejercen de forma casi autónoma su liderazgo sobre los demás, pero también hemos visto confundirse muchas veces y confundir una persona con rasgos carismáticos muy acentuados con lideres en los distintos ámbitos de nuestro quehacer social.

En política, en las iglesias, en las escuelas, en los clubes deportivos, muchas veces confundimos el carisma que es parte de las características de un buen líder, con el liderazgo en sentido global.

La pregunta fundamental que debemos abordar es si el mero ejercicio de poder, que impulsa la obediencia a nuestras órdenes, constituye liderazgo genuino. ¿Es acaso el carcelero que logra imponer su voluntad sobre los reclusos un verdadero líder? Esta interrogante se extiende a otros ámbitos de la vida cotidiana, donde la línea entre liderazgo y autoridad arbitraria se desdibuja con facilidad.

Hoy es fácil confundir un líder con una persona que desde una esfera de poder ejerce la fuerza que le otorga ese poder para influir y lograr que los demás actúen como ha sido planificado, pero eso no es liderazgo, eso es uso del poder simplemente.

Un líder posee características especificas que le dan tal investidura, si miramos el ámbito político en este tiempo de campaña, nos encontramos con cientos de dirigentes que, por sus posiciones políticas, sociales o sencillamente por el dinero que poseen suelen colocarse como lideres de grupos, pero todo es una farsa que termina con la derrota de esos grupos, porque su líder era un ídolo con pies de barro.     

 

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